Habían pasado dos años desde que compré el LP que no podía escuchar. También coincidió con el segundo aniversario de mi tabaquismo. Y lo menciono porque en casa todos eran enemigos del cigarrillo, y para mí representó una verdadera proeza poder ocultar mi afición por el ‘Lucky Strike’ durante tanto tiempo. Pero las mamás siempre tendrán algo de brujas, mártires y detectives. Me sorprendieron fumando en la terraza y me condenaron a vivir sin el suministro diario de dinero extra (sólo me darían para el bus).
De inmediato recurrí a la caridad de los amigos, pero cuando se cansaron de darme puchos, tuve que empezar a negociar cosas. Lo primero que vendí fue la bata de laboratorio y los libros sobre ovnis que papá dejó antes de partir.
A veces, algún compañero interesado por la vida en otros planetas se apiadaba de mí y compraba algún volumen de Charles Berlitz. Pero por lo general, me iba por el colegio Ulloa y le dejaba los libros al señor de ‘Atlas’ quien, con una sonrisa amabilísima, los compraba a precio de chiste flojo.
Después de cada venta, tenía en los bolsillos dinero suficiente para un cartón de Lucky (que luego tuve que reemplazar por Imperial y Boston) y varios casetes en blanco. Hasta ese me momento me negaba a vender los discos. Sin embargo, la biblioteca se extinguió convertida en humo y mamá empezaba a extrañar las porcelanas de payasitos que esperaba poner en la sala algún día.
Durante año y medio cometí el mismo delito de menor cuantía sacándome pequeñas chucherías de la casa para negociarlas, pero, a pesar del materialismo dialéctico, empecé a sentirme culpable y a soñar con que me iba directo al infierno. Por eso, me levanté una mañana con ganas de fumar y como no tenía cigarrillos, bajé los LP’s, los metí en una bolsa plástica y salí rumbo a la librería de usados donde también compran discos.
Sería la última vez que vendería algo ajeno. Llegué donde el señor de sonrisa amable; saqué el paquete y desfilaron Leo Dan, Claudia de Colombia, Fausto, Julio Iglesias, Los Graduados, Roberto Carlos, el trío Morales Pino, Jimmy Salcedo, Aries Vigot, los Visconti, Banco del Estado (colección especial de música estilizada), Goodyear (bailables de siempre), la abeja Maya, los Pitufos, Pacheco y Queen (The Game, 1980)
No sé cómo, pero entre los discos de mamá estaba el de Queen y el corazón me dio una patada en el pecho, y no tuve valor para quitárselo al hombre que lo manoseaba mientras me daba $1000 por cada uno…
(Espere la tercera parte la próxima semana)


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